10 noviembre 2016

Estos son los albergues

En las redes sociales, donde los temas son todos relativos al Camino de Santiago, en la última semana se volvió a plantear como tema número uno, al problema de los albergues del Camino.
José Almeida, unos de los iconos dentro del mundo de los hospitaleros, escribió una nota muy punzante, pero no falta de verdad en absoluto.


Para aclarar, en el Camino los peregrinos encontramos varios tipos de albergues, donde poder descansar el cuerpo después de las largas etapas a pie. Estos lugares son de diferentes tipos y los describo más o menos y a la ligera para los que no conocen del tema.

Albergue parroquial San Francisco de Asís, Tosantos.
Albergues Municipales:  Son lugares donde el Municipio de la ciudad, ha preparado un lugar de hospedaje para peregrinos, pueden ser regenteados por un empleado de la ciudad o asignados a un privado que paga una suma anual para usufructuarlo. Todos estos son lugares donde el peregrino debe pagar por la estadía, en general una suma muy económica que casi nunca pasa de los $10 Euros por noche.

Albergues religiosos o parroquiales:  Lugares regidos, facilitados y ofrecidos por las iglesias o monasterios que se encuentran a lo largo de la ruta, pueden ser de cuota fija por estadía o de Donativo. Algunos de ellos son lugares maravillosos por la antigüedad que tienen y ofrecen un ambiente más recatado que los anteriores. Pueden ofrecer cena comunitaria o no, pero en general son lugares destacables.

Albergue parroquial de Fuenterroble de Salvatierra.
Albergues privados:  Hosteles y pensiones comerciales, o simplemente modestos albergues operados por personas que brindan un servicio a los peregrinos, como un emprendimiento comercial. Muchos de ellos son lugares maravillosos donde “hospitaleros” voluntarios o a sueldo, se brindan generosamente para asistir a los romeros jacobeos. Son de pago, pero generalmente no muy caros y muchos de ellos son muy queridos y buscados por los peregrinos.

Albergues de DONATIVO:
Estos son los oasis del Camino, pueden ser administrados por Asociaciones de amigos del Camino, religiosos o simplemente privados. El albergue de DONATIVO, se sustenta por los dineros dejados en donación voluntaria por los peregrinos que arriban día a día. Básicamente la teoría es que los que llegan hoy estarán utilizando los fondos donados por los que llegaron ayer y ya están de vuelta en Camino. En estos lugares, es común encontrar que se brinda cena comunitaria y desayuno antes de partir a la mañana siguiente.

Albergue San Juan Bautista de Grañón .
Además, estos son los lugares donde se encuentra, generalmente el verdadero espíritu del Camino y los hospitaleros que brindan más cariño y conocimiento sobre los secretos y variables de la ruta Jacobea. Personalmente, yo llevaba caminando muchos kilómetros y días, por el Camino Francés, cuando me encontré con un lugar llamado Tosantos. Un modesto edificio en un cruce de carretera sin importancia, no estaba en mis planes quedarme ahí, pero algo me decía que no siguiera, ese era el lugar donde debía quedarme hoy.
En Tosantos no hay camas ni literas, el pueblo tiene un bar que abre tarde y cierra temprano, la única atracción cultural o religiosa es una ermita construida o excavada en una peña cercana. Sin embargo, para mi es unos de los iconos del Camino, un albergue de DONATIVO donde se respira tranquilidad y paz, se duerme en colchonetas en el piso, se brinda una cena comunitaria donde los peregrinos comparten anécdotas e historia, los que quieren pueden disfrutar de un corto y muy solemne reunión de retiro y oración en la capillita, donde los hospitaleros brindan cariño y un momento de sosiego. 

Refugio de la Faba.
Ahí conocí a José Almeida, hoy hospitalero de Tabara en el Camino Sanabrés, ahí conocí por primera vez lo que era ser un peregrino, no solo de gastar distancias sino de compenetrarse en el Camino, de su historia, de su propósito, de su energía.
Estos oasis, como decía antes, se encuentran en los diferentes Caminos que llevan a Santiago, pero poco a poco van tendiendo a desaparecer, porque cada vez son más las personas para las cuales el Camino, es una proposición económica de turismo o senderismo. Estas personas se van sin dejar un duro en la caja de donaciones, ellos creen que DONATIVO es equivalente a GRATIS. Comen, duermen, usan los servicios y todos los enseres, desayunan y se van tan campantes sin aportar para la manutención del lugar. No tienen reparos en pagar lo que sea en otros albergues y restaurantes, pero en el albergue de DONATIVO se abusan de la hospitalidad, guardando su dinero para gastarlo donde no tienen más remedio. 

Esta es una tendencia muy mala y que de mantenerse, llevara a la desaparición total de estos oasis de tranquilidad y solidaridad. 

DONATIVO no significa GRATIS, simplemente significa que lo que tu disfrutas hoy, lo dejaron pago los que estuvieron ayer y es tu responsabilidad asegurarte que los que lleguen mañana, disfruten y encuentren lo que tu encontraste.


Pero… hay de todo en la viña del Senior.

02 noviembre 2016

Plasencia, de peregrino a turigrino

Pero el peregrinar por los Caminos de Santiago, no es solo sacrificio y caminar, caminar, caminar…
La etapa antes y después del Arco de Caparra, debido a la falta de alojamientos y de albergues cerrados, como el de Oliva de Plasencia, se hace extremadamente larga para el peregrino como yo, ya avanzado de edad y de peso. Por lo tanto hay que tratar de dividirla lo mejor posible, yo camine hasta la carretera que lleva a Oliva de Plasencia.

En ese punto se me ocurrió cambiar de planes, decidí pararme al borde de la carretera hasta encontrar un medio de locomoción que me acercara a la ciudad de Plasencia, de las cuales tenía muy buenas referencias y se encontraba en los lugares a visitar en un futuro cercano. 

Como todos sabemos, nosotros siempre atraeremos lo que realmente queremos, si suficiente energía positiva es dirigida al propósito, el universo conspirara para que de una forma o de otra lo logremos. Y así fue, no habían pasado ni diez minutos cuando avisto el primer auto aproximarse, le hago señas para que parara y lo hizo. Al explicarle que era un peregrino en su camino a Santiago, pero que me hacía mucha ilusión, ya que estaba tan cerca, el conocer Plasencia, me invito a subir, hoy era día de mercado en la ciudad y él iba para ahí.  
El hombre era un productor de quesos de la zona y llevaba en la parte trasera su carga aromática y deliciosa para uno de los puestos del mercado. En poco tiempo de agradable conversación, llegamos a la ciudad y Ernesto, diciéndome que él tenía que hacer dos o tres paradas antes de llegar al  mercado, me bajo frente a unas escaleras mecánicas, a la entrada de la ciudad. Se despidió de mí deseándome Buen Camino y regalándome la mitad de un delicioso queso que debería pesar como un kilo.
Subí las curiosas escaleras y me dirigí al centro de la ciudad, desde donde podría averiguar si había un albergue de peregrinos o una pensión donde quedarme. Serían las once de la mañana cuando me encuentro con un centro de información y me dicen del hermoso albergue Santa Ana, en la iglesia junto a la UNED, mapa en mano llegue al lugar que era muy cerca del centro. Me encontré con un albergue de primera, mismo dentro de la iglesia, moderno, limpio, vacío y totalmente equipado. En síntesis, una maravilla de lugar.

Después de descargar el macuto y pegarme una ducha rápida, salí a las carreras para ver el mercado y disfrutar de todo lo que la ciudad ofrecía, estaba descansado y curioso, además de famélico. Desde una mesa al borde del mercado alguien me llama a toda voz “Alberto, peregrino, Uruguayo”, era Ernesto que con su cliente se estaban tomando una cañas. Comimos, conversamos, tomamos, varias veces intente pagar, pero quien nos servía tenía órdenes de no recibir mi dinero y así lo hizo. Nos volvimos a despedir, esta vez con un fuerte abrazo y después de desearme Buen Camino, me pidió que me acordara de el en Santiago y que en el altar del Santo encendiera una vela en su nombre.
Plasencia es una ciudad hermosa con muchísimas construcciones y monumentos muy antiguos y muy bien cuidados, sus calles abarrotadas de gente por donde fuera, una vida y una algarabía como en las grandes ciudades del mundo. Me hizo recordar mucho a Siena en la Toscana Italiana, donde también había encontrado ese ambiente y alegría.

Recorrí sus torres y murallas, visite un museo y el maravilloso Parador Nacional de Plasencia, anduve horas por las estrechas calles de piedra y comí mi cena sentado en una plaza rodeado de estudiantes que iban y venían con mucho bullicio y ganas de vivir.
En el albergue, cuando retorno, no había nadie y solo encontré un mensaje de que cuando me fuera, cerrara la puerta principal con llave y después la dejara sobre el mostrador de la entrada o en el bar de enfrente al lugar. Es decir que ahí estaba yo solo en esa gran iglesia medieval, por supuesto que después de recorrer y explorar todos sus rincones, dormí como un caballero después de varios días de batallas.

A la mañana siguiente el sol me encontró ya en pie, pronto para seguir mi recorrido. Desayune lenta y plácidamente en el bar donde debía dejar la llave, sentado en la pequeña terraza vi cómo se despertaba la ciudad y sus habitantes, sus estudiantes somnolientos caminando hacia sus estudios. Yo más contento y feliz que perro con dos colas, conseguí un taxímetro que me llevaría hasta el mismo punto donde había dejado el Camino, para seguir mis pasos de peregrino.

Cuando retome mi caminar, me vinieron a la mente la solidaridad de Ernesto, la belleza de Plasencia y nuevamente me alegre de haber tomado la oportunidad de conocer la zona.


Son Cosas del Camino